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martes, 26 de octubre de 2010

SEMBLANÇA DE CARLES II



A los nueve años aún no sabía leer ni escribir. Como se sostenía en pie con dificultad y se cansaba, sus juegos los realizaba sentado, sobre mullidos almohadones, rodeado de enanos y bufones, que le distraían con sus anormalidades, siendo las únicas que este príncipe retrasado entendía.
No mostró ninguna disposición por los estudios. A los veinte años su inteligencia y sus conocimientos eran tan escasos como los de un niño. Los placeres y los ejercicios le eran indiferentes, y si iba de caza, casi siempre lo hacía en carroza. Cuando tenía treinta años creyó hacer un gran esfuerzo al dedicarse, durante una hora todos los días, a la lectura de un libro de historia. En esta naturaleza, enferma y mórbida, era natural su desinterés por los asuntos de Estado.
Cuando el primer ministro le hablaba de estos temas, miraba constantemente el reloj, esperando con impaciencia el final para marcharse a descansar.
Era del dominio público la poca afición del príncipe a la higiene y el mínimo cuidado que ponía en su aseo personal. Gustaba de tener una larga cabellera que, enmarañada y sucia, colaboraba en no poca medida a dar el aspecto macilento y cadavérico que ofrecía su pobre figura. A propósito de su descuido personal se cuenta una sabrosa anécdota relacionada con su hermanastro, don Juan José de Austria, quien dijo al rey —ya era rey Carlos II—: "Lástima es, señor, que con ese hermoso pelo no se cuide mucho de él". El rey, al oírle, se volvió al gentilhombre de cámara que le atendía y le dijo en voz alta: "Ni siquiera los piojos estan a salvo de don Juan".
Extret del blog "Historias de la historia."




http://www.librosvivos.net/smtc/homeTC.asp?TemaClave=1199

martes, 28 de septiembre de 2010

QUEVEDO I FELIP IV


FELIPE IV Y EL AGUJERO

Reinaba por aquel entonces en España Felipe IV, “el Rey Planeta” o “el Grande”, pero no solo reinaba en España, sino que regía el Imperio Español, extendido por medio mundo. Pero este vasto imperio comenzaba el camino de la extinción y ya había problemas y vías de agua por todos lados. No obstante, el despilfarro, el boato y la prepotencia seguían siendo los estandartes de la corte española.

El bueno de Quevedo, que no por estar en el ajo era ignorante de la situación "real" (lean este real con doble sentido si son tan amables), reunió en una sola frase todo el significado de la situación política del Imperio Español, cargándola además de fino humor. Así, haciendo referencia al rey, conocido como “el Grande”, Quevedo lo comparó con un agujero: “más grande cuanta más tierra le quitan”. Perfecta definición para un agujero y perfecta definición para la situación del monarca.
Felipe IV admiraba la capacidad para la rima de Quevedo y cómo improvisaba geniales y ocurrentes versos. En cierta ocasión, estando el rey cómodamente sentado, solicitó al poeta que improvisara una rima para él. Quevedo, solícito, solicitó al rey “un pie” con el que comenzar a rimar y trabajar el verso. El monarca, creyéndose gracioso y no midiendo bien a su rival en ocurrencias, levantó uno de sus pies tendiéndolo hacia Quevedo.

El rimador compuso al vuelo y soltó al mismo rey del Imperio Español, estando este pie en alto, lo siguiente:
“En semejante postura
dais a comprender, Señor,
que yo soy el herrador
y Vos… la cabalgadura”.

Entienda el lector por cabalgadura lo que quiera. Un gran y noble corcel, o quizás un torpe y lerdo asno, que por hacerse el gracioso dio lugar a una pequeña rima a su costa. Fuera lo uno o lo otro, creo que Quevedo quedó encima de aquella cabalgadura.

Extret del blog "Curiosidades de la historia": http://curistoria.blogspot.com/2008_10_01_archive.html